Mis diferencias con el presidente Zapatero son más profundas. A saber:
1ª Ha acometido el proceso de renovación de los estatutos sin perfilar siquiera un proyecto previo de reforma del Estado, lo que está provocando un galimatías del que va a costar Dios y ayuda salir.
2ª Ha iniciado un proceso de paz en el País Vasco, sin establecer con claridad y precisión el plan a seguir, y, sobre todo, sin asegurarse el control del tempo de la negociación, que hoy está en manos de una ETA y de una izquierda aberzale engalladas.
3ª Ha practicado --en algún episodio de la vida económica-- un intervencionismo rastrero en los objetivos, insolvente en los instrumentos y paleto en las formas, que sólo beneficia --en el fondo-- a una casta de sedicentes empresarios --versión posmoderna del pícaro y del arrebatacapas--, que medran al amparo de la concesión, la subvención y la información privilegiada.
4ª. Una política internacional que maquilla su falta de entidad y su pérdida de presencia efectiva en Europa, con brindis al sol --como la Alianza de Civilizaciones-- y amistades sorprendentes de todos conocidas.
Estas cuatro causas se resumen en una: hoy el Estado es más débil --como sistema jurídico-- que cuando Zapatero accedió al poder. Un apunte final. La apelación a que hay que estar con Zapatero hasta el final pues la alternativa es peor, con el evidente intento de neutralizar la crítica, no puede ser aceptada. La fuerza moral de la izquierda se manifiesta cuando asume superiores cotas de racionalidad en su discurso, lo que es inseparable de la crítica. Aún está a tiempo de recuperar esta ventaja. Pero, para ello, no ha de escarbar en el pasado --más hiciste tú--, sino hablar con claridad sobre el futuro. Zapatero ha de convencernos.
Juan José López-Burniol, notario, El Periódico de Catalunya, 11 de marzo de 2007
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